The road (La carretera). John Hillcoat. 2009

El colorido y esperanzador futuro de la primera escena es sustituido por un mundo gris, posnuclear, apocalíptico fotografiado con la maestría a la que nos tiene acostumbrados Javier Aguirresarobe. Esa magnífica fotografía gris, que juega con los contrastes de luz, es la mejor aliada para una puesta en escena con algunos planos de una gran intensidad expresiva, donde el abismo en el que se encuentra el personaje interpretado por Viggo Mortensen se materializa ante un paisaje inhóspito, deshumanizado, destruido. La desolación de un mundo gris en un presente de espanto y miedo, con un futuro incierto. El fuego como único recurso para sobrevivir ante tanta devastación. Ese “fuego interior” que permite al hombre protagonista avanzar y educar a su hijo para proseguir el viaje hacia la esperanza.

Adaptación (casi literal) de la novela de Cormac McCarthy La Carretera. Mientras la novela se mueve entre la sugerencia y la fragmentación, la adaptación cinematográfica, dirigida por John Hillcoat, es más fría, más conceptual, una “road movie” pulcra y definida que recupera el mensaje ecologista, filosófico y a veces religioso de la novela.

Magnífica ambientación, con paisajes desolados, carreteras rotas, casas abandonadas. Ante la catástrofe la respuesta más humana y, también, la deshumanizada. El niño que quiere buscar la complicidad y la armonía entre “los buenos”, que tiene compasión, algo que se nos muestra en el encuentro con el anciano o con el hombre negro. Por otro lado, los otros, los malos, los carroñeros, comedores de carne humana que siembran el terror. Como siempre han hecho. De ahí esa escena que puede traer referencias de los campos de concentración nazis.

Viggo Mortensen, en estado de gracia, mantiene la película con una magnífica interpretación. Su empecinamiento, fuerza, desolación, son interpretadas con la maestría de quien se ha metido en la piel de un padre que lucha con todas sus fueras por llegar a un lugar donde su hijo pueda crecer. Ahí de nuevo el sur, como espacio de sol, calor, esperanza. Con su esperanza transformadora, como espacio adonde llegar tras ese viaje turbador, terrorífico, amargo, oscuro para encontrar una llamita de esperanza.

A recordar: La fotografía. Simplemente magnífica.
L.R.D.

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